Posteado por: Maricarmen | Junio 7, 2008

Gracias

Mi agradecimiento para aquellos que saben (porque recuerdan, porque reaprendieron, porque nunca olvidaron) recibir.

Oración del Remanso, Jorge Fandermole

- ¡Escuchá! Un chamamé… Mirá qué linda es la letra… – cantó el halcón, o sea yo misma. Mientras batía las alas al sol para que se ventilara el viento.

- Es preciosa – sonrió el lince con cara de estar dispuesto a convertirse en cualquier momento en algo distinto a un lince.

- ¿Te parece que es cierto eso que dice la canción? – alas batidas, ojos en calma.

- Sí, creo que sí. Vamos pescando para vivir. Algunos no nos damos cuenta de que tenemos los peces delante de las narices y nos quejamos de hambre – el lince es un animal muy serio, un animal de cuidado. Mastica una hierba porque aunque es carnívoro come todo lo que encuentra.

- Ah, es que saber recibir es un gran don, sí – digo, mirando la hierba masticada y mirando las nubes por el rabillo del ojo.

- Sí – vuelan motas verdes que se convierten en conspiraciones no paranoicas y bellas.

- …

- …

- Algunos ven los peces pero no saben que son peces y no se los comen. Si se los comieran verían que dentro de ellos ya había un pez esperando ser saboreado. Y dicen: “no hay peces, no hay peces!” Y sin embargo abundan.

- Todo abunda. Hasta el agua, que dicen que se termina.

- …

- …

- Estuve siendo pez, de a ratos.

- ¿Y?

- Y nada, que algunos decían que tenían hambre pero no se daban cuenta de que podían comerme. Yo los hubiera dejado.

- ¡Madre del amor hermoso!

- Sí, una era una madre, pero no del amor hermoso. Y quería comerme convertida en nena, en su hija. Pero eso no nos hubiera servido, a ninguna de las dos. Tal vez si me convierto en otra cosa…

- ¿Y si aún así no quiere comerte?

- Como abundan los peces también abundan los comedores de peces. Se verá.

- Siempre se ve. Y se está viendo.

Una madre del amor doloroso se acuna a sí misma allá a lo lejos y se canta una triste canción. La canción de cuna que se canta es para despertarse, pero tiene la garganta encendida de tanto insistir en despertar. Cuando calle el canto tal vez se escuche. O tal vez no, tal vez se escuche en otro momento. Quién sabe. Las gracias recibidas son todas maravillosas pero muy diversas.


Respuestas

  1. Para poder pescar, deben enseñarnos cuando chicos; a veces, si nuestros papás no saben bien lo que son los peces, aprendemos de pequeños a pescar cosas tan raras… Podemos crecer pescando piedras, bonitas pero indigestas; o pescamos peces pero ya muertos y éstos no nos alimentan igual que los vivos y frescos.
    De mayores seguimos pescando mal y cada vez estamos más hambrientos; y cuanto más hambrientos, más nos quejamos de la falta de peces, mientras a nuestro alrededor hermosos peces surcan las aguas en las que nosotros no vemos más que piedras y cadáveres…
    Sí, ya sé que alguien me puede decir que podemos aprender a pescar siendo adultos, pero de todos es sabido que cuando adultos aprendemos más lento y peor. Tanto es así que hay adultos que son incapaces de aprender, aunque tengan a su lado al campeón de pesca más avezado; otros pocos afortunados, tras muchos intentos y fracasos, van poco a poco adquiriendo una cierta soltura en esto de la pesca, de forma que cada vez se van nutriendo mejor.
    Así pues, ¡a pescar se ha dicho!

  2. Si, Shatzi, ¡a pescar!

    Yo pesqué algo interesante, una bailarina exótica, pronto lo leerás.

    Besos…


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