A la niña que juega
Mi niña juega con la cuna vieja,
arropa una muñeca desteñida…
Así son las mudanzas de esta vida
Es mi nena ahora, y es su queja.
La contemplo. Me descubro, perpleja:
cautivada, la mano sostenida
disciplina a su muñeca, sumida,
y escapan de su pelo dos guedejas.
Me veo pequeñita y a lo lejos.
En sus ojos azules hay reflejos:
las manos de mi madre y su blandura.
Nuevamente, juego de los espejos,
cría tras cría, libre de trebejos,
lo humano busca ser fruta madura.
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