Posteado por: Maricarmen | Septiembre 9, 2009

9.9.09 Día de la Buena Nueva

LA VERDAD ES BELLA

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Posteado por: Maricarmen | Agosto 13, 2009

La sonrisa

Y hoy, mientras iba al trabajo, sentada en el colectivo, sentí otra vez la puntada cerca de la clavícula derecha. Me acordé de la mujer y del barco que se iba. Y se me vino a la mente algo más que me pareció importante: en el mismo momento en que sentía por ¿primera? vez el dolor, también sentía: “este dolor no es mío, es viejo”.

Mientras estaba diciéndole a la psicóloga que me dolía sentía su miedo. Ella se acercó a mí tratando de calmarme. Y le dije en susurros: “No pasa nada, el dolor no es mío, no hay de qué preocuparse”.

Tal vez me pasó todo eso para recordar y saber que ese dolor puedo heredarlo, pero no es mío, entonces no lo estoy sintiendo realmente.  Puedo sacudírmelo de encima, es accesorio. No es parte de mi esencia. Ese dolor es de esa mujer, que no soy yo.

A veces siento lo que pienso. Es algo más que pensar. Es pensar y sentir al mismo tiempo.

Sentir-pensar que “el dolor no es mío, sólo lo sentí para saber que viene de atrás, que lo han sentido, y que me ha llegado su eco”, me hace imaginar a esa mujer rubia casi sonriéndome. ¡Capaz que sí!
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Arcano XIII – Temperance

Tarot de Marsella Restaurado Camoin-Jodorowsky

Posteado por: Maricarmen | Agosto 8, 2009

La Nube

Pensándolo bien, tengo un recuerdo más antiguo.  Aunque quién sabe si es un recuerdo o estoy imaginando que recuerdo eso.

El supuesto recuerdo es de una nube tan grande que no podía ver dónde empezaba ni dónde terminaba. Estaba yo estirada en un silloncito y la psicóloga, que había inducido una especie de hipnosis, me preguntaba cosas. Ahora pienso que no sólo me preguntaba cosas que me serían útiles a mí, sino que lo hacía guiada por su curiosidad.

Me preguntó si veía mi concepción, y como la vi me preguntó de dónde salía esa luz que se había metido en la panza de mi mamá.

- De Dios – le contesté en un susurro muy suave, ahora lo sé. Tan suave que tenía que acercarse mucho a mí para poder escuchar lo que decía. Yo me escuchaba con claridad.

Seguro que le picó la curiosidad de saber cómo imaginaba a Dios, así que me pidió que se lo describiera.

- Es algo parecido a una enorme nube. Esponjosa. De algodón. Algodón de luz blanco azulada, casi celeste. Ahí hay puntos. No los puedo ver bien. Parecen fundidos en la nube.  Siento que uno de esos puntos está unido al hilo celeste que llega hasta mí. Hay más puntos que están al lado de ese punto, y entre todos forman la nube.

Me habrá preguntado más cosas, pero lo de la nube fue tan bonito que quedó en primer plano en mi memoria. Es bueno eso, me gusta darle luz a lo bonito, aunque lo demás no desaparece, sólo está ahí para cuando lo necesite. Es una forma de desechar lo triste, pero aprovecharlo, y disfrutar de lo bonito y lo alegre.

Ahora sé que Dios no es eso. Aunque también lo es. Debe ser eso y también cada forma y cada cosa que uno imagine. Es que creo que a Dios lo estamos creando nosotros, en cada momento. O algo así.

Posteado por: Maricarmen | Julio 22, 2009

La mujer y el barco que se va

El recuerdo más viejo que tengo no es mío.

Quiero decir que no me sucedió a mí.

O sí, si creo en la reencarnación. Pero no sé si creo en la reencarnación. Descubrí que me da igual si es cierto que reencarnamos o si sólo son imaginaciones o formaciones del inconsciente o… yo qué sé. Me da igual porque no es eso lo importante, lo importante es, si recordamos (o imaginamos) algo, mirar para qué sirve ese recuerdo (o “imaginado”).

El recuerdo es la imagen de una mujer rubia de cabello largo y liso, vestida con una especie de túnica hasta los pies  y sin ningún tipo de adorno, color gris o café. La mujer está mirándome. Está mirando a quien la recuerda. Detrás de ella hay un mar o un océano, algo suficientemente hondo como para que esté ahí un barco grande y con velas, de esos que vemos en los libros de historia o en las películas de piratas. O en la imaginación.

El recuerdo viene con un dolor muy fuerte en la clavícula derecha. En la mía, a la mujer no se le movía un pelo. O sí, se le movían, porque el viento los mecía. Y se llevaba las lágrimas. Porque estaba triste, yo qué sé por qué estaba triste.

Bueno, sí, sé por qué estaba triste: alguien se iba en el barco y a ella no le gustaba ni pizca esa partida. Como si se pudiera llegar muy lejos a algún lado.

Ese recuerdo de la mujer (¿de otra persona?) tal vez me lo heredaron y por eso lo tenía estando en la panza de mi mamá. Porque lo que recordé fue que en la panza de mi madre recordaba a esa mujer.

En ese momento el impacto de lo que vi, tan claro, y el dolor en la clavícula, tan fuerte, hicieron que no me preguntara para qué recordaba eso. Hoy todavía no sé para qué lo recordé.

Tal vez al ir contando esta historia lo vaya sabiendo.

Posteado por: Maricarmen | Julio 22, 2009

Ahí voy

Hace tiempo ya que le doy vueltas y vueltas al tema. Si escribir esta historia o no. Si para qué. Y a quién le interesaría. O para qué serviría.

Y de pronto me digo que cómo olvidé que “lo que das, te lo das” y que si estoy escribiendo algo en realidad me lo estoy escribiendo para leerlo mientras lo escribo. Es decir, que me cuento a mí misma mi propia historia, ¿para volver a mirarla pero ya con otros ojos, porque no soy la misma que la ha vivido antes? No sé.

Sí sé que se me remueven cosas adentro cuando las pongo en papel. O ahora, en este lugar. Y se acomodan. Más, un poco más cada vez.

¿Y qué, lo voy a escribir acá, para que lo lea cualquiera? Y sí, ¿por qué no? Algunos incluso llegarán a pensar que esto es una especie de relato que invento, y que no es real. Sobre todo porque el principio (sí, ya pensé en el principio) es tan real que creerán, como siempre, que imagino cosas. Que la imaginación no es real. Que “la imaginación al poder” es una bonita frase o una expresión de deseo utópica o irreal. Y es sano que cada uno crea lo que quiera creer. No es tan sano que uno crea cosas que le hacen mal, pero yo qué sé qué es lo que a los demás les hace mal o bien… bastante tengo con ir entendiéndome y mirándome y conociéndome, sacándome las capas (cual cebolla) que fueron tapándome.

Ahí voy.

Posteado por: Maricarmen | Julio 7, 2009

Acá

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De pronto me desperté. Ni siquiera sabía que estaba dormida, pero lo estaba.

El lugar era nuevo, aunque creía recordar haber estado antes. Hasta la nena me resultaba familiar.

- ¿Dónde estamos? – le pregunté.

- Acá. ¿No ves?

- ¿Hay algún adulto cerca?

- Acá no hay adultos. Somos todos nenes. ¿No ves que somos todos nenes?

- Pero yo soy grande, no soy una nena…

- Vos no dijiste “grandes”, dijiste “adultos”. Grandes hay un montón. Podés darte cuenta de que lo son porque se ponen trajes y corbatas o tacos altos y pinturas en la cara. Están jugando a que son adultos, pero les falta práctica y estar más atentos…

- … ¿Atentos?

- A crecer. Es que sino sólo aumentan de tamaño.

Posteado por: Maricarmen | Junio 27, 2009

La Tierra

- ¡Es todo tan pero tan bonito que quiero tener todo lo que veo!

- Todo es mucha cosa.

- Sí, es cierto.

- Y si lo tenés todo, no podés mirarlo todo, que sólo tenés dos ojos. Y los demás tampoco.

- Mmmm… Me gustan las estrellas, los caracoles, las lanas peluditas, el azúcar, las mariposas… Ya sé. Me voy a convertir un poco en todo eso.

- Puedo imaginarte convertida en estrella, o caracol, o lana peludita o azúcar. Pero… ¿mariposa? ¿Vas a mutar, a volar?

- Capaz que sólo me visto de muchos colorcitos.

Posteado por: Maricarmen | Junio 27, 2009

La mirada

Canción de Fandermole, bellamente interpretada acá por Jerónimo Verdún

Posteado por: Maricarmen | Mayo 25, 2009

Que es crecer

Dientes de león

La semilla va sabiendo qué es mientras se va desplegando. Sabe que necesita reventar, está incómoda adentro de la cáscara.  Como es semilla no tiene miedo, a pesar de que no sabe qué es lo que va a ser después.
Si le enseñaran a tener miedo, si le contaran que el miedo existe, capaz que decidía seguir siendo semilla y pudrirse sin llegar a ser planta, sin dar flores. O capaz que no, que con miedo y todo decidía nacer, y entonces iba viendo qué iba siendo.
@Mari- ¦ las personas no nacemos una sola vez
22:22 ?         @Mari- ¦ tenemos que ir naciendo todo el tiempo
22:23 ?         @Mari- ¦ eso es crecer

22:23 ?         @Mari- ¦ y no sabemos a qué vamos a nacer en el próximo nacimient

las personas no nacemos una sola vez tenemos que ir naciendo todo el tiempo

Las personas no nacemos una sola vez, tenemos que ir naciendo todo el tiempo, eso es crecer. Y no sabemos a qué vamos a nacer en el próximo nacimiento.  O capaz que sí, que sabemos. Si vamos naciendo, sabemos que vamos a ir naciendo a ser, y si no vamos naciendo, vamos muriéndonos. 
Algo así. 
Posteado por: Maricarmen | Marzo 12, 2009

Perdón, te quiero, gracias

Cerré la puerta despacito, sin hacer ruidos.  Sonreí: qué lindo es el olor de la vainilla y el sonido suavecito de la música. 

Él no duerme, casi. Mejor dicho: su presente es un ensueño constante que mezcla señoras gordas que le piden prestadas pistolas que no hay, hermanos jóvenes que viven a unos metros (en Cermoño), conejas que mastican zanahorias celestiales, y mucho barro y mucha tierra. Mucho ruido. Silencioso ruido que murmura ríos de sales. 

Él es mi papá, aunque piensa que soy la hija de la señora que cocina rico.  A veces. 

¿Sé yo quién soy? No del todo, pero sé quien quiero ser: la que abre la puerta para ir a jugar. Por eso ahora cierro esa puerta. Y entonces ahí quedó el ruido.  Y acá adentro están las nueces. Muchas nueces para compartir, sembradas en bizcochuelos mojaditos con un licor y tapizados de chocolate. 

Perdón, papá, no me había dado cuenta de que tengo que cerrar la puerta. Te quiero. Gracias por jugar al ruido, antes. 

Era fácil: poco ruido y muchas nueces.

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